Traumas de Juventud Vol.- 2

 La subida me dejo boquiabierto: 300 metros de terreno cuesta arriba que definitivamente no tenia yo contemplado o siquiera imaginado. Empecé a sentir como el aire se me acababa, y las piernas se me hacían pesadas, pesadas, y mis compañeros uno a uno me iban rebasando. Dolor agudo en la boca del estomago, cascadas de sudor. Mis zancadas se fueron reduciendo a pasos. Podía ver el árbol que marcaba la mitad del trayecto, pero por mas que avanzaba, no se veía mas cercano.  El profesor pasó a mi lado con el grueso del contingente, llegó al árbol, dio la vuelta y regresó con mis compañeros. Al pasar junto a mi, me miró con esta expresión de: “ Te lo dijeeeeee” y siguió su camino. Para cuando llegue al mentado árbol, yo ya venia arrastrando los pies, y todavía me faltaba la mitad del camino. Llegue a la meta en penúltimo lugar, (de alguna manera logre vencer a un chico que tenia lonjas hasta en la nuca) Pero desde luego era una victoria amarga. Apenas cruce la meta y me tire boca arriba sobre el pasto.  Durante un segundo todo el barullo desapareció. Cerré los ojos y sólo oía mi corazón cual motor desajustado, saltando de un lado a otro en mi pecho. Podía ver mis latidos mientras el sol me pegaba directo en la cara, como un rojo que bajaba y subía de intensidad. –“Dios, si me vas a llevar, este es el momento”—pensaba yo.

Al abrir los ojos vi la cara de mi madre, que me observaba con esa mirada que tienen los padres cuando se dan cuenta que sus hijos no van a ser lo que ellos soñaban.

 –“Solo faltabas tú de llegar”— me dijo. Yo solo atiné a responder  –no, todavía falta Luna— Mi compañero el lonjudo, que llego en ultimísimo lugar sujetándose el pecho con la mano derecha y acompañado de uno de los asistentes del profesor, que fue a buscarlo por que ya todo mundo se había preocupado de que no aparecía.

--¿Qué pasó?—me preguntó mi mamá. —  ¡que pasó!, que me cansé, ¡eso fue lo que pasó!— contesté.

Levante la cabeza y tras observar mi descomunal abdomen, me reincorpore con un esfuerzo sobrehumano. De la curvatura de mi barriga, iban apareciendo cual cuerpos celestes en mi horizonte abdominal, los rostros  reprobatorios de las invitadas de mi madre.

–Tu maestro esta diciendo algo, ve a ver que es—ordenó mi mamá. 

El profesor estaba dando un discurso de las actividades que habría a lo largo del curso de educación física, todas con el objetivo de convertir nuestros púberes cuerpos en verdaderos templos de adoración a los dioses griegos. No había acabado su panegírico el profe cuando mi madre lo interrumpió abruptamente y le pregunto algo así como que qué tenia que hacer para que yo no fuera such a loser... todos mis compañeros se rieron bien cabrón mientras me veían. El profesor contestó: “ pues lo primero que debe hacer es dejar de comerse ese pancito dulce en la cena, y nada de refrescos,  y cambiar la torta en el recreo por una manzana”—el prof se fue acercando hacia mi – “ ¡A ver Everes! Acuéstese y haga 10 abdominales, ¡A ver todos! Pongan atención, todas las noches harán 50 abdominales así!”--  El profesor tras doblar mis rodillas sostuvo mis pies, me pidió que pusiera mis manos sobre el pecho y dijo – “Orale, para arriba, Uuuuuuuuuna........ Uuuuuuunaaa.......... Uuuuuuuna”—Yo estaba molido, física y moralmente, era obvio que no podría hacer ni una abdominal en ese momento, carajo, no podía ni una parpadinal.

-- Pues mire señora—dijo el Profe --su hijo tiene mucho trabajo por delante, nuestro cuerpo debe ser como un templo, un reflejo de nuestro carácter y nuestra disciplina, y aqui everes debe adquirir un compromiso conmigo el día de hoy. Usted tiene mi palabra de que al terminar el curso, si hace todo lo que le diga, su hijo será otro --

 A la semana cambie mi clase de educación física por la de banda de guerra, donde aprendí a tocar el tambor...

 Tras recordar todos estos acontecimientos momentos después de haber sido tentado y retado por mis amigos, por un segundo pensé en la posibilidad que tenía enfrente, era como una segunda oportunidad de esas que se presentan rara vez en la vida... la redención atlética. Pero luego pensé en mi mamá, invitando a sus amigas a la “carrera”, y en la posibilidad del fracaso, la decepción y el reclamo y dije: Ni madres” y apenas se abrió una pequeña ventana, me eche para atrás. $600 compran muchos discos, pero no son nada comparados con los traumas que te generan las madres.

La velada con mis amigos continuo y en venganza los hice a todos mis bitches en el Monopoly. Uuuuuuf, solucionaría tantas cosas que las justas atléticas tuvieran el mismo peso social que un partido de monopoly:

And the gold medal is for juan everes in monopoly

A gentleman will walk but never run

Comentarios

Amaiur! dijo…
Ya veo de dónde venía esa extraña venganza contra una pequeña niña de 9 años que solo pronunciar las palabras "no puedo" la conducían automáticamente a hacer 20 lagartijas.
jajajajaja un beso Juan! muy buena entrada! me gustaron ambas!
Anónimo dijo…
"los hice a todos mis bitches en el Monopoly."
Estas pero bien mal deveras deveritas.
L.

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