Arquitectura del caos

A casi 2 años de su lanzamiento, el disco Third de Portishead me sigue sorprendiendo. Con ningún otro disco en este lapso de tiempo he tenido una relación de amor-odio tan marcada. Hay días en que lo adoro, hay días en que no puedo oírlo. Inclusive en algún punto del año pasado me pregunté si realmente me gustaba. Hoy es uno de los días en los que simplemente no puedo dejar de gozarlo. Su desorden organizado es un placer. Su edición violenta desconcierta, aturde para no dejar ir tu atención un segundo. La selección de sonidos otorga una voz tan distinta, tan fresca pero a la vez tan conectada a los discos anteriores de Portishead. Cada elemento esta perfectamente planificado para sonar diferente a todo: incontables secuencias de percusión que suenan más a objetos cayendo ordenadamente de una repisa que a los delicados patrones rítmicos de los discos anteriores, sólo para transformarse en un parpadeo en quirúrgicos beats que hipnotizan. La voz herida se ahoga en reverbs, tan frágil, tan conmovedora mientras la guitarra se conserva muchas veces sin procesar para regresarnos al piso, con el gusto sesentero del tremolo que nos recuerda a Lee Hazelwood. Nadie hace del caos algo tan bello, tan emocionante como estos cuates de Bristol. No doy crédito, es como escuchar el futuro, el presente y el pasado, amalgamados en una sola nota.


Ahhhhhhhhhhhh es alucinante. Cuando uno esta de animo atento y ruidoso esto es lo que aplica.
Entender que en realidad amas el Third de Portishead es como descubrir que alguna chica de tu clase o tu trabajo esta mas guapa de lo que pensabas originalmente, pero ese hallazgo no te llega de golpe, sino poco a poco: vas notando que su nariz es bonita, que tiene unos labios carnosos lindos lindos, que su pelo es hipnotizante y sus caderas están de fábula y que es una copa de brassiere distinta a la que pensabas, etc, para al final solo poder atinar a decir: "ay dios!!!!"

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