Guadalajara 2

Otra cosa curiosa ahora que estuve en la FIL fue que todos los taxistas eran unos manchados a la hora de cobrar, nunca ponían al taximetro y me cobraban $50 por un viajecito de 8 minutos, y si éramos 2 en el taxi y nos parábamos para dejar a alguien de camino al hotel, me cobraban 2 viajes... ¡viva México!
Hubo uno que si me asustó medio cañón: era de noche, lo abordé afuera del Hilton para el ya multi-recorrido trayecto de la Expo a mi hotel, un viaje que toma 9 o 10 minutos máximo. El hombre me paseo durante 45 minutos. Todo el trayecto se la pasó hablándome de lo insegura que estaba Guadalajara  y de como le habían robado el dinero de su pensión y de como lloró de frustración, y como lo apoyó su esposa,  y de los taxistas que pasean al pasaje  y bla bla bla. El tipo era un señor mayor que se veía amable, pero tenia al alcance de su mano un bat de beisbol. Yo le preguntaba que si sí sabia a donde íbamos y siempre me contestaba "Si si si señor ahí al lafayette que esta en chapultepec, cerquita de av. vallarta" pero luego veía que se metía a una calle y luego a otra y a otra más en vez de tomar la vía rápida que nos sacaba directo, y luego con la ciudad tan cambiada yo no reconocía nada, súmenle que era de noche, no podía dejar de pensar que en una de esas pasaría yo a engrosar las estadísticas de este épico sexenio.
-Oiga- le decía yo - ¿como que ya dimos mucha vuelta no?, ¿Por qué no agarró Mariano Otero? 
-Es que por esa no salimos joven - El señor me contestó - los sentidos de las calles se encuentra, pero mire ahí se ve su hotel- y me señaló un edificio a la distancia, sobre el horizonte tapatío-  
Total en esas estábamos cuando por fin reconocí una calle y le dije -Ya no de vuelta, sígase por esta por favor- y un par de minutos después estábamos en mi hotel.
Al llegar a la entrada el taxista me dijo que le pagara lo que siempre me cobraban por el viaje y que lo disculpara, pero que aun estaba perturbado por lo de su pensión, pues el asalto había sido apenas un par de horas antes, y por eso se había "perdido" buscando el hotel. El tipo se veía claramente afectado, y ya bien iluminado por las luces del lobby noté que era un señor muy mayor, así que no le discutí, le pagué lo de siempre y le deseé buena suerte, y respiré con tranquilidad de haber llegado tarde pero entero. Tras haber pasado esos últimos 45 minutos pensando en mil encabezados de periódicos de nota roja e imaginándome como un descabezado más afuera de la FIL, la neta si me sentí aliviado de que todo fuera un lapsus viejentus del taxista. Aparte, soy demasiado quejoso como para que los zetas me quieran reclutar a fuerzas en sus filas, como cuentan esas historias de terror de secuestrados que obligan a afiliarse. Señores zetas, mejor ni lo intenten, a los 5 minutos me empezaría a quejar de lo apretados que usan sus uniformes y de como esas botas vaqueras no los favorecen, o de que no estoy de acuerdo con el horario de descabezamientos que me tocó, o que los tambos pozoleros huelen re-feo, y que desde luego, yo se como hacer mi trabajo mucho mejor que mi jefe. 

Comentarios

Bloggeño dijo…
Este también me gustó mucho, así son los taxistas de GDl, para la otra pide uno de sitio, son más honestos o menos gandallas.
Tenoch
Juan Evers dijo…
Perfecto! Gracias por el consejo
saludos

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