Esa vez que fui albañil, parte 2

Mientras veia el auto de mi mamá alejarse, trataba de entender bien lo que acababa de pasar. El arquitecto (cuyo nombre ya no recuerdo) me preguntó de manera conciliadora:
-Así que no quisiste ir a la escuela... -
- Sip - contesté yo.
El arquitecto me pidió que lo siguiera y me llevó al centro de la construcción. Ahí había un grupo de albañiles echando el taco. Luego de las presentaciones pertinentes, el arquitecto se fue y yo me quedé. Me senté en un tronco a esperar que los maistros acabaran su desayuno. La salida de casa había sido tan repentina que yo no pude comer nada, pero definitivamente lo que los señores estaban comiendo no se me antojaba: Coca con huevo; y no digo que huevitos revueltos o estrellados con coca cola (Mmmmhhh eso si se me antojó) Yo digo que a un vaso de Coca-cola le echaban un huevo crudo, lo revolvían con algo que alguna vez fue una cuchara, y se lo tomaban como un licuado.... ¡guac!
Uno de los comensales notó que me estaba empezando a poner colorado por el sol (Gracias a mi elegante linaje teutón, no poseo la habilidad de broncearme) y amablemente me confeccionó un sombrero con un periódico viejo, que combinaba a la perfección con mis shorts de mezclilla y mi playera de Birdman (ah como me gustaba esa playera).
La mayoría de las cosas que decían los albañiles definitivamente no las entendía, era como si hablaran otro idioma: como cuando escuchas a un catalán hablar y reconoces algunas palabras pero en realidad no lo que te quiere decir.... pues así con los albañiles. Pasado el tiempo aprendería que esa manera de hablar es bastante popular en México, pero debes vivir en Aragón o estudiar en la UNAM para entenderla. Mi amigo Jose Luis fue de mucha utilidad para que yo pudiera librar esa barrera cultural... Él fue carnicero muchos años, así que era fino como como la canela... pero ya me desvíe.
Una vez concluido el desayuno me llevaron a otra parte de la construcción y me pidieron que pasara una pila de ladrillos de un lugar a otro. Lo hice rápido y sin chistar, inclusive los acomodé simétricamente. Algunos ladrillos se quebraban en el traslado, pero los albañiles me decían que no me preocupara, que esos ladrillos estaban re-chafas y no había forma de que no se quebraran. No quiero imaginarme como habrán quedado las casas que construyeron con ellos.
Había alambre recocido y varilla salida por todos lados, así que todo el tiempo me raspaba mis piernitas pelonas cuando cargaba los ladrillos de un lugar a otro. En retrospectiva, el short fue una mala decisión.
Una vez que terminé de mover ladrillos, uno de los maistros me pidió que agarrara una pala y le ayudara con el cemento. Básicamente, lo que había que hacer era construir una especie de volcán en el que se pusiera el cemento mezclado con agua. Siempre me gustó el sonido que hacen las palas al rozar el piso cada vez que apalean el cemento fresco. es un sonido macizo, con cuerpo, lleno de graves agradables y medios chonchos. En eso estaba cuando me dieron ganas de ir al baño... 
Es posible que no puedan imaginarlo, pero hubo un tiempo en el que los sanirents no existían, y el campo abierto era la letrina del mundo... pues justo de esos tiempos estoy hablando...
Le pregunté a unos de los albañiles donde estaba el baño, y me señaló un clarito que estaba a un costado de la construcción. -Ahí en el pastito, carnal- fue lo que me dijo.
-Es que quiero hacer popó- le dije un poco apurado.
-Nomas vete mas lejitos, y échale tierrita-
Consideré por un momento aguantarme las ganas, pero la popó mañanera no entiende de esas cosas, y yo no había pasado al baño antes de salir de casa, así que no había espacio para negociación. Dejé la pala y me fui al rinconcito.
Como siempre pasa con estos asuntos de emergencia, al acabar descubrí que no había papel. ¡Que útil fue ese gorro de periódico! Alcanzó perfecto y no me ensucie las manos ni nada.
Regresé con los maestros y seguí jugando con el cemento. 
Todo iba muy bien, hasta que me empece a sentir not so fresh. El sol ya me había cocinado una buena parte de la cabeza y los efectos de la insolación se empezaron a hacer presentes.
-Oiga señor, no me siento muy bien- le dije a uno de los maistros, poco antes de que todo se pusiera blanquito blanquito...

CONTINUARÁ...

 

Comentarios

Lex dijo…
Ohhhhh sí! El gorro de periódico. Todo habrá parado en una insolación o le habrán tocado las lesiones cutáneas propias del manejo del cemento en su transformación hacia el concreto? Yo lo que definitivamente nunca pude hacer fue aventarle el cucharazo furioso de mezcla a la pared para hacer el famoso tirol; por más que mi abuelo se esmeró en transmitir esa técnica ancestral estaba claro que mis genes no habían heredado esa peculiar habilidad de ese lado de la familia. Cuál será el desenlace de la historia? ... Saludos Mr. Evers.
Juan Evers dijo…
No llegué al cucharazo de tirol... pero hubiera estado bueno aprenderlo.
¡Saludos!
JL dijo…
Lo que hacía ya desde entonces con tal de no trabajar. Hubiera aguantado vara unos cuantos meses en ese trabajo para que al menos contestara competitivamente en la prepa, no que luego terminaba albureándose solito. Lo bueno que aprendió de los grandes, jajajaja.
Juan Evers dijo…
No pues usted con su florido lexico mister, sonroja a Rafael Inclán.
Ni viviendo 12 años en la construcción pudiera yo llegar a esos niveles.

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