El regreso a California.- Fin


De vuelta en Los Angeles la vacación se esfumó. Teníamos la intención de realizar una infinidad de actividades, pero casi todo se quedó pendiente.
El Halcón Bicentenario lo rentamos con Dollar,  cosa que no recomiendo a nadie. Son tan turbios e ineficientes que parecen oficina de gobierno del estado de México: horas para entregar los autos, cargos triplicados en la tarjeta de crédito y un servicio telefónico de atención a clientes patético. Al final optamos por regresar el auto antes de tiempo y rentar otro con Alamo. Alamo si rockea, hasta parece una empresa gringa. Pero en todo el tramite de ir a aeropuerto y cambiar de auto perdimos un día completo.
Nos tocó otro Halcón Bicentenario, cosa que estuvo sensacional, era el auto que conocíamos, la cajuela era gigantesca y cabían todas nuestras maletas, aparte gastaba poquita gasolina. El único problema fue el GPS, que era como publicista mariguano: Todo te lo decía después de tiempo, eso si es que se acordaba de decírtelo. Entre eso y el transito cargado de Los Angeles, perdimos una buena cantidad de tiempo desplazandonos de A a B.  No pudimos ir ni a Pasadena ni a Malibu. Yo quería conocer el CD trader en tarzana, pero tampoco dió tiempo. Mucho menos de ir a andar en bici en el Dodger Stadium.
La pioja quería visitar un mall llamado The Grove, que está en Melrose. Como había algunos encargos pendientes, me pareció buena idea. Yo pensé "Un Mall, ¡perfecto!, seguro habrá un "Toys´r Us" y tiendas de deportes para buscar mis tenis nuevos, y un Best Buy para comprar algunos blurays. Sin dudarlo me encaminé a una decepción garantizada.  The Grove es en realidad como un corredor de boutiques muy finolis y mega caras. Hay un Barnes and Noble enorme en el que no hay nada de lo que buscas, y lo que hay esta carísimo. Hay un Anthropologie en el que la Pioja estuvo como 3 horas, en las que a mi no me quedó de otra más que sentarme a ver una cantidad inimaginable de chicas guapas. Pura perdedera de tiempo pues. Pero no me quejé, así como la pioja se sopló mi visita a Amoeba, yo aguanté estoico la espera. Afortunadamente validan el estacionamiento, asi que no terminamos dejando lo que quedaba de nuestros ahorros en eso. También hay un Cheesecake Factory, pero no entramos. Honestamente no creo que las meseras estén como Penny, aparte ya habíamos decidido comer de nuevo en Nate´n Al.
Al lado de The Grove está el Farmer´s Market que es una cosa sensacional. Medio hipster y lo que quieran, pero hay muchas cosas increíbles para comer y tienditas de memorabilia vintage bastante papas. Hay una Barbería, por si quieres cortarte el pelo onda old style, pero gastando $200 dolarotes en eso. Yo me cortó mi poco pelo en la misma peluquería en la que se lo cortaba mi papá cuando era pequeño, y sólo me cuesta $80 pesitos, así que se pueden quedar con sus falsos Old Style. Pero en general, el Farmer´s Market si es una parada obligada en Los Angeles.


Hasta para el estándar chino la pioja es modelo compacto




Y ya... se acabó la vacación.
Tomamos un avión y regresamos al D.F. Bueno, no… tomamos un avión que nos llevó a Guadalajara, y luego de 4 horas tomamos otro avión que nos trajo a este lugar que estamos acostumbrados a llamar hogar: nuestra cama, nuestra comida, nuestro pez, nuestra gente. Bueno no, el avión sólo nos dejó en el aeropuerto. Mi hermano Toño fue el que nos trajo a la casa.
La vida en México debía continuar. era tiempo de deshacer nuestras maletas llenas de buenos recuerdos, ropa sucia, Reese´s Peanut Butter Cups y como treintamil pinches libros de encargo del papayita ultra-manchado…. y harto disco.
Atrás quedó la gente, la comida, los paisajes/locación de película y las carreteras que invitan a extraviarse en un país inmenso, confuso, disparejo, imperfecto y fascinante.
Allá se queda la casa de Rick, desde donde se escucha el freeway y se siente la brisa marina, Las maravillosas (y terribles) estaciones de radio, La TV con programas increíbles pero con un millón de comerciales en medio.
Barrios abismalmente distintos como Inglewood y Los Feliz a tan sólo unas millas uno de otro. Todo se quedó atrás, excepto los discos, esos si se vinieron conmigo, digo, los que llegaron. Y mientras no tenga que comprar más discos todo estará OK. El problema es que yo SIEMPRE tengo que comprar más discos.
Oh shit...

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