Austin Vol.- 6


La última cena en Austin fue en el Magnolia Cafe de Lake Austin Blvd. Un lugar viejito (a propósito) con comida deliciosa y trato amable. Los gabinetes son incomodos y el lugar es mega ruidoso pero el sabor de la comida lo compensa todo.  El Reuben es una cosa de otro mundo y las papas fritas caseras... uffff...




Ya desde la última vez había apreciado un fenómeno raro en los restaurante de Estados Unidos: Los baños son increíblemente distintos a los de México, y no en el aspecto estructural (como los baños de china o los escusados japoneses), es mas bien un asunto de ocupación. No importa que tan popular o grande sea el restaurante en E.U. sólo va a haber UN cuarto de baño para hombres y UN cuarto de baño para mujeres y en ese cuarto sólo va a haber UN escusado y UN lavabo (y en el caso del de hombres UN mingitorio) y ya, sin cubículos ni nada. Si quieres entrar al baño en un lugar de estos aunque sea para lavarte las manos, debes hacer fila, pues sólo lo puede usar una persona a la vez. En México es más como colectivo el asunto, y aunque sea un baño minúsculo hay 3 o 4 personas a la vez, separados como en caballerizas... no se, me pareció raro que al país más rico del mundo le gusta hacer cola pa´ echar una firma.


El último día fue extenuante: El avión salía a las 8pm de San Antonio, así que había que estar 3 horas antes para devolver el auto y documentar el equipaje, y súmale la hora y media de manejada de Austin a San Antonio, más el trafico del regreso a clases... y todavía pretendíamos turistear un poco en Austin por la mañana antes de regresar. La agenda estaba apretada. Yo quería visitar una última tienda de discos, así que fuimos a End OF An Ear.


El lugar vende primordialmente viniles, pero si tienen sección de cds, aunque cuando vas a pagarlos a la caja te echan el ojo apestoso. Sin embargo tienen muy buenos precios, aunque un catálogo limitado, posiblemente debido al espacio. Tengo una opinión dividida respecto a esta tienda, pero si vuelvo a ir a Austin seguro me daré otra vuelta. Este fue el botín:


Fueron como 30 dólares por todo... les digo que los precios estaban gloriosos.
No entiendo muy bien este nuevo furor por el vinil, (bueno, si lo entiendo, pero no lo creo, ¿por qué la gente está dispuesta a pagar 5 o 6 veces más por un soporte físico tan frágil y que está comprobado, no tiene ni de rebote el rango dinámico del disco compacto? es una cosa de sentido común, pero el sentido común nunca es lo común, de lo contrario no habría tanta gente oyendo reggetón o narco-corridos, pero en fin... ya divague.... ) Si buscan viniles End Of An Ear tiene una selección increíble, analmente separada por generos y a precios extremadamente razonables. Si vas por eso si necesitas un par de horas para revisar la tienda. Yo no, así que en 45 minutos flat ya estaba afuera fotografiando buzones de correo.


Un par de días antes, en South Congress encontré otra tienda llamada Friends of Sound que vende puros viniles usados. Sabía que debía tomar una foto del lugar, porque definitivamente era un tema de conversación, pero no lo hice, básicamente porque en cuanto entré a la tienda quería salir corriendo, el olor era indescriptible: una mezcla entre pipí de gato, humedad, aire acondicionado, cigarro, madera enmohecida y cartón viejo que te garantizaba cáncer de pulmón a las 3 minutos... no quise exponer mi cámara a tal stress, si ya iba yo a agarrar alguna enfermedad respiratoria de los 40´s no quería que también mi cámara se llenara de hongos, así que ya ni modo, déjenme pongo una foto de un gatito para poderles seguirles platicando:


En este lugar de poderoso aroma tenían discos del Puma o de Julio Iglesias a 40 dólares... digo también Kool & the Gang y James Brown y John Coltrane y Willie Nelson, pero fue raro entrar a ese otro mundo y reconocer esas portadas de la colección de discos de tu mamá. Supongo que si no hubiéramos tirado todos esos viniles cuando se murió mi abuelita podría irme a Austin y hacerme millonario... no es cierto... mi mamá no tira nada... seguro por ahí anda todavia en algún cajón el cordón umbilical de mi hermano Toño... pero de nuevo divagué... No hay foto de eso, lo siento. 


El resto del día lo ocupamos en encargos de la encajosa de mi cuñada y manejar como locos a San Antonio para llegar rayando al aeropuerto. Que fue completamente innecesario, porque el aeropuerto de San Antonio es como el de Cancún y en una hora haces todos tus tramites de documentación y migración. Súper ganador. 




Una hora después estábamos de regreso en México, extrañando el olor a roble de nuestro hermosísimo hotel y los carísimos precios del Whole Foods. Aun no se porqué fuimos a Austin... ahhhh si, para ver a Damien Rice en mi cumpleaños... que no lo vimos... y un poco para no hacer lo mismo de visitar la misma ciudad, los mismo restaurante y la misma tienda de discos... aunque hubiera sido hermoso ver de nuevo a nuestros amigos de California... a lo mejor por eso el viaje a Austin, aunque increíble, se sintió un poco vacío: faltó el Bacardi Time, el pan rico de los biovos,  las anécdotas rockeras de Adolfo, el acento de Miami de Wolcott y etc... Supongo que la solución es que mis amigos se muden a lugares interesantes... o que me haga de más amigos (¿habrá una cosa como tinder, pero más así como centrada en gente que no está interesada en volverse un sex offender?) como sea no me arrepiento. Estos viajes de impulso son una cosa hermosa, y quedaron muchas imagenes guapas para comprobarlo.... y discos, muchos discos... y cáncer de pulmón de la tienda esa horrible... Pero en esta vida hay que aprende a recibir lo bueno y lo malo, aunque lo malo sea cáncer de pulmón... porque así es la vida de mala leche.
Mas gatitos, no guácala, mejor un perrito:

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