Triunfadores de Sunset Cliffs

No se por qué uno de los grandes clichés cuando vas de vacaciones a la playa es ir a ver el atardecer... Bueno, no... si se,  ¡¡¡porque los atardeceres son poca madre!!!, y siempre los damos por hecho, pero si pensamos seriamente cuantos atardecer realmente hemos visto en nuestra vida... el numero va a ser menor de lo que creemos. El caso es que la pioja y yo queríamos ver un atardecer poca madre en San Diego y así lo agendamos: El plan era ir en la mañana a La Jolla, pasear por ahí y luego ir al Cabrillo National Park y desde el mirador ver la puesta de sol. En papel el plan sonaba de fábula. Nuestro error fue que nunca revisamos a que hora cerraban el parque en Cabrillo. 
Como a eso de las 5:45 pm una adorable señorita muy güerita con uniforme de cuidador se nos aproximó para decirnos con toda delicadeza que si ya nos íbamos a la goma... Sacamos estas fotos y nos quitamos de ahí.




Cerca del parque había un cementerio, que casi como postal daba hacia la puesta de sol, pero ni la pioja ni yo somos de espíritu darkie, así que seguimos adelante.
Una búsqueda rápida en el GPS arrojó Sunset Cliffs como una posible alternativa y hacia allá nos fuimos. Ya no daba tiempo de comer, pues el sol no espera a nadie... así que nos fuimos directamente a la playa.
Hay un estacionamiento pequeño justo al lado de los acantilados y de manera milagrosa encontramos lugar en él. El aire frío del último día de febrero transportaba el rocío del pacifico. Cruzamos la valla y bajamos un pequeño risco, nos sentamos en una saliente y vimos a la gente resbalarse o ser empapada por las olas:


Fue un momento mágico, pero no tan mágico como lo que vimos antes, y de lo cual no hay fotos porque el momento me ganó: Llegando al estacionamiento vimos a un grupo mixto de 6 o 7 jóvenes de descendencia oriental, (no se si chinos o japoneses o coreanos o que, pero captan la idea: menuditos, muy delgados, ojos rasgados, cabello oscuro y lacio, etc) Ninguno de ellso tendría más de 20 años. Estaban sentados en el cofre de un mazda deportivo de color blanco, comiendo donas directamente de una caja sin logo, las donas se veían magnificas, pero la selección de botana me pareció tan fuera de lugar, y tan inesperada, ¿quién se va a un acantilado a ver el atardecer comiendo donas?... Ganadores.... ellos se veían tan llenos de vida, tan en control... carajo me hicieron sentir viejo como la democracia... 
Luego de ver la puesta de sol regresamos al estacionamiento, los jóvenes seguían ahí, platicando animadamente. Ni siquiera se acercaron al risco para ver el atardecer, y descubrimos que no venían en un mazda sino  en 2 (DOS, ¡DOS!) mazdas idénticos. Ya no había donas. Se subieron a sus autos, pusieron su estridente música de hip hop y se fueron. La pioja notó que traían walkie talkies para comunicarse entre autos, lo cual es absurdo, ¿cuál es entonces el sentido de tener un celular? más si eres joven y oriental... en fin, sus donas se me antojaron cañón, y mi maldición fue no encontrar donas decentes en lo que quedaba del viaje...  Ahhh que ganadores.... y que lindo es San Diego... si me disculpan me voy a la azotea con una caja de krispy kreme... ojalá, seguro ni donas bimbo me tocan.

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