Narco-menudeo y Hamburguesas...

Recuerdo que ya era de noche, o por lo menos estaba indudablemente oscuro (Aunque en el otoño en Los Angeles, a las 5pm ya no hay luz, así que vaya usted a saber). Pero sin duda eran más de las 8, porque luego de andar de turistas extremos todo el santo día, todavía nos pasamos al CD Trader.... ah pues dejen checo el ticket de la compra y así nos libramos de adivinanzas.... un segundo.... ok.... 7:48.... miren no estaba taaaan equivocado.... pero ya divagué. Por andar de turistas no habíamos comido en todo el día, y todavía había que cruzar la ciudad entera para regresar de Tarzana a Montebello, que es algo así como ir de Cuautitlán a Tlalpan. Una parada por provisiones era lo más prudente antes de enfrentarnos a tal expedición.
Le preguntamos a nuestro Sherpa digital que distinguidos establecimientos había para comer por el rumbo e In-N-Out apareció en la pantallita. Mi amigo Arturito Malacara me había recomendado mucho esas hamburguesas, pero la única vez que las comimos estuvieron más o menos. Sin embargo, ya era tarde y estábamos legítimamente cansados, así que le dimos click al GPS y fuimos al In-N-Out que está sobre Ventura Blvd, en Woodland Hills.
Lo primero que notamos fue la enorme fila de autos. No, no es cierto, lo primero que notamos es que el barrio estaba bastante gachito, ya luego notamos la fila de autos. Supusimos que era para el Auto-servicio (ja) y con una rápida maniobra entramos al estacionamiento, que era sospechosamente pequeño, sólo unos 4 o 5 espacios, todos ocupados. Un auto todo pimpeado, onda Breaking Bad (ya saben, ocupantes con gorras de los dodgers, shorts de mezclilla, calceta larga, cabeza rapada, hartos tatuajes, narco-corrido sonando en el estéreo) se fue y nos pudimos estacionar.  Nos bajamos del auto y caminamos al local, y descubrimos que era un lugar sólo para venta en auto, no tenia área de servicio. Había una ventanilla donde te podían vender si venias a pie, y algunas mesas al fondo al aire libre... Caracoles. Lo pensamos un segundo, pero no teníamos animo o intención de buscar otro lugar, así que nos acercamos a la ventanilla para ordenar. Las únicas opciones del menú eran: Hamburguesa sencilla, Hamburguesa doble, con queso o chili, y ya, Hagan de cuenta como en puesto de la calle en México... peor, porque en México puedes pedir piña, tocino o hasta aguacate en la hamburguesa (yaiks!) acá nada de esos lujos.
Como el lugar era tan pequeño pudimos ver todo el operar de las personas que preparaban las hamburguesas (todos latinos).  Puedo decir con tranquilidad que nadie le escupió a mi comida, pero si se tardaron un rato largo en prepararla. Esperando estábamos cuando veo que un individuo en bicicleta se acerca a un par de sujetos que lo están esperando al lado del letrero de In-N-Out. Todos chocan los puños para saludarse, el de la bici saca una bolsita del bolsillo de sus shorts, y uno de los cuates le entrega un par de billetes doblados. No hay códigos, ni discreción, no voltean hacia los lados para ver que no haya nadie, nada. Hay una fila inmensa de autos frente a ellos y no les preocupa nada, es más, ni siquiera van a la parte oscura del estacionamiento, lo hacen AL LADO  del letrero luminoso. Fue hermoso, me sentí como en un episodio de Cops, cuando hacen las cámaras escondidas de los intercambios de drogas y ya luego caen los polis y se los madrean a todos, sólo que aquí no hubo policías.
Mentiría si digo que no me sentí un poco inquieto por el lugar y las circunstancias, así que no tomé ninguna foto del lugar, y ahora me arrepiento, valía la pena, era pintoresco y emocionante. 
Nos fuimos al fondo a comer las hamburguesas y había una familia comiendo en la mesa de al lado: Señor, señora y un niña pequeñita. Por más que lo intenté no logré adivinar que idioma estaban hablando, no era ni español, ni inglés, ni francés, ni cantones, ni alemán... así que seguro eran de Naucalpan... o Guatemala.
Terminamos de comer con toda calma y nos fuimos de ahí, contentos de no haber sido apuñalados ni una vez. Y también porque la brisa nocturna estaba agradable y las hamburguesas no habían estado terribles.
Andando por Ventura Blvd me pareció apropiado poner el disco de Tom Petty que acababa de comprar en CD Trader. Esta fue la canción que empezó a sonar:



Ese momento fue perfecto. Barriga llena de hamburguesas, buena música y ni una puñalada. La vida dificilmente puede ser más dulce.

Comentarios

Suxsi dijo…
No me permite seleccionar alguna de las opciones, para mi "Guay".
Juan Evers dijo…
Gracias Suxsi!

Entradas más populares de este blog

Sunlit Youth

Los hombres somos idiotas

1996: el año en que la música existió.